En la historia del vallenato no solo brillan las voces legendarias ni los acordeones inolvidables. Detrás de cada canción que se volvió himno existe un trabajo silencioso, pero fundamental, de productores, ingenieros de sonido y músicos que ayudaron a construir el sonido que hoy identifica al género. Uno de esos nombres que se quedó grabado en la memoria colectiva es el de Pedro Muriel, mencionado incluso dentro de canciones que marcaron época.
Para muchos oyentes, su nombre resulta familiar por frases que aparecen en clásicos como “Ceniza fría” o “Tierra mala”. Sin embargo, más allá de la mención, Pedro Muriel es una figura clave en la evolución del vallenato y de otros ritmos populares en Colombia.
Pedro Muriel, una pieza clave detrás del sonido vallenato
Pedro Antonio Muriel González es reconocido como uno de los ingenieros de sonido y productores más influyentes del género. A los 22 años llegó al sello Discos Fuentes, luego de trabajar con una orquesta en Bogotá, y se estableció en Medellín, desde donde participó en innumerables producciones musicales. Su talento no se limitó al vallenato: también dejó huella en la música tropical y la salsa, colaborando con artistas de la talla de Joe Arroyo, una de las voces más importantes del Caribe colombiano.

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El origen de una mención que se volvió historia
Curiosamente, Muriel ha contado que en sus inicios no era seguidor del vallenato. Fue el contacto directo con las letras, los versos y las historias del Caribe lo que terminó conquistándolo. En entrevistas y podcasts ha recordado cómo grababa todo tipo de géneros hasta que, poco a poco, el vallenato se convirtió en parte esencial de su vida profesional.
La famosa mención de su nombre nació de manera espontánea, gracias al reconocimiento de los artistas con los que trabajaba. Agrupaciones como Los Embajadores Vallenatos y músicos como los hermanos Sarmiento empezaron a incluirlo en sus canciones, convirtiendo a Pedro Muriel en un nombre recurrente y querido dentro del folclor.
Hoy, su legado sigue vivo en cada acorde, en cada grabación y en cada canción donde su nombre suena como símbolo de respeto y gratitud dentro del vallenato.

